La dependencia en las relaciones tiene muy mala prensa en los tiempos que corren.
Cuando hablamos de que en una relación de pareja uno es dependiente del otro, la opinión popular siempre tiene una connotación negativa como dice el psicólogo clínico y sexólogo Arun Mansukhani en su precioso libro Condenados a entendernos.
Ya nos puso en contexto Byung-Chul Han con “La sociedad del cansancio” cuando expuso que nuestra sociedad contemporánea es especialmente individualista y competitiva. Queremos llegar a nuestra mejor versión, rendir al máximo, cortar “vínculos tóxicos”, pero ya desarrollaremos esto mejor en otra entrada de blog. En un ambiente donde la sociedad contemporánea compite entre sí, ¿cómo vamos a hablar de dependencia de unos y otros?
Ahora, vamos a abordar por qué la dependencia es considerada como una patología en nuestra sociedad marcada por el individualismo. Y es que, en esta competición por ser mejores, todo los que se acerque a apoyarse en otros suena a vulnerabilidad, cuando la realidad es que la dependencia es un hecho. Cuando tenemos un vínculo estrecho con las personas, nos importa lo que dicen, lo que piensan y cómo actúan con nosotros.
Decía Aristóteles que el ser humano es un ser social
, que necesita de la interacción con otros para sobrevivir. La filósofa y
psicóloga Carol Gilligan también afirmó la madurez moral se basa en la responsabilidad hacia los demás y en la
aceptación de nuestros vínculos de dependencia
.
Entonces, ¿depender es mejor o peor? La respuesta es que es inevitable. Hay un término para nombrar esa dependencia sana, horizontal: la denominada interdependencia. En la medida en que estés construyendo vínculos saludables, estarás contribuyendo a una mejor calidad de vida. No hay nada como rodearse de buenos vínculos como punto clave de la felicidad.